El hilo se ha perdido; el laberinto se ha perdido también. Ahora ni siquiera sabemos si nos rodea un laberinto, un secreto cosmos, o un caos azaroso. Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo. Nunca daremos con el hilo; acaso lo encontramos y lo perdemos en un acto de fe, en una cadencia, en el sueño, en las palabras que se llaman filosofía o en la mera y sencilla felicidad.

Borges (Los Conjurados)

Hebra es una comunidad libre, igualitaria y antiautoritaria, construida sobre los cimientos de la solidaridad, la autogestión y el contacto directo con la tierra, donde lo principal es el grupo humano y lo de menos es la arquitectura. Nuestro objetivo no es compartir piso ni edificio, es la revolución social. Por eso Hebra no es ni una cooperativa de vivienda ni un proyecto de cohousing, sino un proyecto comunitario de vida donde experimentamos con la convicción de que las relaciones horizontales y la solidaridad entre compañeras son la base desde la que se cambia el mundo.

Nuestra idea de revolución se concreta en lo político en una sociedad sin Estado, sin jerarquías ni instituciones fundadas en la representatividad electoral y, en lo económico, en una sociedad autogestionada en que tanto los medios de producción como el producto del trabajo sean comunes y cada persona produzca según su capacidad y consuma en función de su necesidad. No puede existir igualdad en ninguna sociedad si unas personas mandan sobre otras, ni tampoco si unas personas tienen más recursos que otras.

Pero tampoco puede haber proyectos realmente transformadores si no existe unión emocional entre las y los que lo realizan. La convivencia intergeneracional en comunidades como Hebra es el medio de cultivar esas relaciones primordiales —la afectividad, el amor, el cuidado— sin las cuales los proyectos transformadores quedan irremediablemente deshumanizados.

En resumen, Hebra es una herramienta de doble filo:

a) por un lado, nos sirve para realizarnos completamente como personas, para satisfacer todas nuestras necesidades individuales, no sólo materiales sino también psicológicas, afectivas, etc., dentro de una comunidad libre de autoritarismo, competitividad, consumismo, machismo, exclusión y demás lacras capitalistas.

b) por otro lado, la usamos para el combate, casi como un arma química. Pretendemos ser contagiosos, exponer con hechos que hay otra forma real y tangible de hacer política y que el ejemplo práctico se reproduzca como un virus por todo el mundo.

Esto no quiere decir que queramos clonaciones incesantes de Hebra. Nada sería más monótono y aburrido. Tampoco queremos un crecimiento ilimitado de Hebra. De hecho, nos hemos fijado un tope de cien personas. Nuestra idea de una nueva sociedad sería una inmensa red de comunidades libres y proyectos autónomos libremente asociados entre sí y vinculados por el libre acuerdo. Un todo autosuficiente que se reconoce en la interdependencia de las partes, solidario, implicado en las luchas contra toda autoridad y toda injusticia, recuperador de todo lo positivo que la humanidad ha inventado y superador de todo lo negativo.

Hebra es, en el fondo, solo lo que su nombre indica, un simple hilo que habrá de unirse a muchos otros en una red universal que derribe esta sociedad egoísta y miserable en la que vivimos para sustituirla por la nueva.